LA EPIDEMIA DE TERCIANAS DE 1783-85

LA EPIDEMIA DE TERCIANAS DE 1783-85 EN BARBASTRO Y SU CORREGIMIENTO; MISERIA, MORTANDAD, Y ASISTENCIA A FINALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN1

Juan José Nieto Callén

Juan Ramón Bosch Ferrer

INTRODUCCIÓN

Las tercianas en la década de los ochenta

En la década de los ochenta del S. XVIII una epidemia inusitada de tercianas o paludismo azotó con distinta virulencia la casi totalidad del espacio peninsular. Esta epidemia no se desarrolló a la par por toda la península sino que fue avanzando a lo largo de nuestra geografía desde los lugares que tradicionalmente habían sufrido la enfermedad palúdica; las húmedas tierras de la albufera valenciana y del delta del Ebro.

Varias razones se aducen para explicar la extensión de la enfermedad fuera de estos lugares; la especial climatología de la década, la defosteración, la muerte de gran parte del ganado doméstico alimento habitual del mosquito transmisor, etc. , pero su incidencia en cada lugar dependió de las condiciones particulares del mismo, hallándose lugares infectados vecinos a otros que no conocieron la enfermedad.

Avanzando desde sus dos centros mediterráneos iría alcanzando el interior catalán y el Bajo Aragón en 1781-83, la zona del Cinca y Somontano en 1783-85 y la España interior a partir del año 85.

El Corregimiento de Barbastro fue uno de los más castigados.

EL CONTEXO DE LA EPIDEMIA: MISERIA Y CRISIS (1780-83)

Al menos desde el año 1780 la climatología de la comarca del Somontano barbastrense se caracterizó por la alternancia de sequías estivales con inundaciones, nieblas y humedad excesiva durante el invierno4.el 13 de agosto de 1780 y tras un verano completamente seco estalló una furiosa tempestad….que apedreó los lugares de Salas , Cregenzán, Azlor, Montesa, Burceat y Costean y algunos otros llevándose en algunos todo el fruto de la uva y en otros la mayor parte en Barbastro se produjo una fuerte riada que inundó gran parte de la calle del Coso y Río Ancho anegando algunos portales. Tras esta inundación no llovió más en todo el verano de manera que pasado octubre y viendo la tierra seca y árida y los labradores angustiados sin poder sembrar un grano ….se puso el trigo en el en el almudí ha subido precio pues se vendía a 7 rls. La fanega, la mixtura a 22 s. 8 d. , a 12el ordio, el cahiz y la cebada a 32 rls. Se sembró muy tarde, hacia comienzos de noviembre, y la cosecha fue destruida por el excesivo frío pues yelo trece días sin cesar día y noche. Tanto subió el precio de los granos y tan escasa fue la cosecha que la ciudad, tras pedir permiso a la superintendencia empleó lo sobrante del caudal de propios del año antecedente 36.082 s 13 d. para abastecer la ciudad y prestar granos a los labradores para la sementera.

No comenzó mejor el año 1781 pues en marzo hubo una fuerte sequía contra la que se hicieron las correspondientes rogativas con excesivos resultados: pues en todo abril y mayo llovió continuamente y con el mayor exceso.

En junio de 1782 sufrió la ciudad una gran plaga de langosta contra la que se tomaron prontas medidas. Primero se enviaron varios regidores con una brigadilla de 50 hombres a intentar atrapar con mantas a los escurridizos insectos, pero el método no dio buenos resultados siendo un gasto exorbitante pues a cada hombre se le daba 10 rls. De plata y no se cogía más que un almud cada mañana. Luego se intentó mediante pagos a los vecinos por fanega de langosta capturada, a 1 rl. la fanega. Este método resulto mejor pues los vecinos más pobres se aplicaban a cogerla hallando en esta ocupación algún alivio a su miseria. Se recogían de 22 a 24 fanegas diarias y a finales de septiembre se habían capturado más de mil.5 Este método aunque efectivo resultaba costoso por lo que la ciudad compró una manada de 80 pavipol en el lugar de Azara6 que salían al monte cada día acompañados de un pastor y un zagal que recibían de sueldo 3 rls. cada uno , comiéndose los pavos unas siete fanegas diarias . Pese a todo la langosta causó mucho daño al que se unió la furiosa pedregada de septiembre de ese año y que taló muchas viñas y se llevó el poco fruto que había producido. El calor del verano afectó a la cosecha de aceitunas pues quemaron y sofocaron las tiernas olivillas.

En 1783 remitió la plaga de langosta pero continuó la alternancia del caluroso verano y el húmedo invierno lo que fue un excelente caldo de cultivo para los numerosos insectos que se multiplicaban en la ciudad. Era tal la necesidad de los vecinos que el 11 de enero de 1783 se realizó un ayuntamiento extraordinario en el que se acordaba con el obispo y cabildo crear un fondo público para proporcionar una comida diaria a los pobres de la ciudad, contribuyendo obispo y cabildo con 50 escudos cada uno a dicho fondo. El secretario del ayuntamiento justificaba la medida por la “extrema necesidad y miseria de todo el común y especialmente por los jornaleros de monte en suma estrechez e imposibilidad de sostenerse y mantener a sus familias”.

Las dificultades del vecindario se muestran en los atrasos de los arrendadores de bienes públicos a la hora de sastifacer sus deudas con el municipio7. Tal están las cosas que el 18 de julio el ayuntamiento pide al rey una moratoria en la contribución que anualmente se carga al vecindario por la piedra y la inundación de agua…que se llevo lo más florido del viñedo y mucha porción de mieses…dejando perdidos gran copia de labradores…aparte de los daños en azudes y comunes por lo que es …. Imposible la cobranza.

Vemos pues empezar el año 1784 con un vecindario arruinado, una buena parte de las cosechas perdidas y unos inviernos de inundaciones alternados de sequía estival.

La miseria y el hambre son el mejor caldo de cultivo sobre el que puede cebarse una enfermedad epidémica y la alternancia de humedades y sequías crearía grandes zonas encharcadas donde el agua putrefacta constituía un excelente habitáculo veraniego para el anofeles transmisor del paludismo. Probablemente el mosquito, avanzando desde 1782 por las cuencas del Segre y del Cinca, junto con langostas, garrapitillos y otros insectos desovaría ese verano en la comarca barbastrense para el ciclo siguiente cebarse en sus moradores. El anofeles que predomina en la península prefiere en general alimentarse de sangre del ganado pero este, que había sufrido sus propias epidemias a comienzos de la década, sería escaso hallándose además el mosquito multiplicado por un clima cálido y húmedo que le era grato.

Contamos con los datos proporcionados por la conducción de médicos de 1781-82 para intentar analizar sobre qué esquema socio-económico se cebó esta crisis. El libro de cobranza de la conducción se presenta como un callejero en el que se recoge exhaustivamente a todos los vecinos para que paguen los servicios médicos de la ciudad. Estos pagos se realizan de forma proporcional a la renta que posee cada uno de los vecinos; evidentemente los más grandes pagadores pagaran menos en proporción a sus altas rentas que los menos favorecidos respecto a sus exiguos recursos pero el documento nos permite una radiografía de las diferentes capas de renta de la sociedad.

En la segunda mitad del siglo se ha dividido el documento en dos callejeros: el primero, la conducción propiamente dicha, recoge aquellos que poseen domicilio fijo en algunas de las calles de la ciudad: el segundo, llamado hijuela, recoge aquellos vecinos que no poseen un domicilio propi y que coinciden con los de renta más baja.

Así entre los vecinos con domicilio permanente 42 pagan menos de 11 s.; 487 entre 11 y 20 s. y 142 más de 21 s. de los cuales solamente 51 pagarán más de 30 s.: 17 de los cuales serán infanzones y regidores. Encontramos así que el grueso de la población se encuentra a un nivel medio, siendo poco tanto aquellos más pobres como los más ricos.

Otro panorama completamente distinto nos ofrece la hijuela. En esta 363 vecinos solamente 10 superan los 11 s. de contribución siendo 9 s. el pago medio frente a los 14s. de media de la conducción. Encontramos una amplia capa de la población que pagan menos de 11 s. y no poseen domicilio fijo.

Si sumamos los datos de ambos documentos de los 1.048 vecinos de Barbastro un 35% no tendrá domicilio seguro y el 33% del total de los vecinos pagarían menos de esa

Cantidad, el 88% de los cuales formaría parte de la hijuela. Nos resulta así que prácticamente un tercio de la población barbastrense avecinada pagaría menos de 11s., es decir, tendría rentas muy bajas, grupo al que habríamos que sumar un buen numero de jornaleros, transeúntes, pobres de solemnidad excluidos de la conducción, etc. Que engrosarían el caudal de los habitantes.

LA EPIDEMIA

Desarrollo Temporal.

No se constata un desarrollo temporal preciso de la epidemia, es decir, del número de personas que en la ciudad enferman o mueren de ella mes a mes. Los primeros recuentos son las listas presentadas por los cirujanos de la ciudad y los doctores Romeo y Sobrevia en octubre de 1784. A partir del 16 de julio de 1785 contaremos además con la correspondencia mantenida entre el corregidor y el Superintendente del reino dandi cuenta de la labor médica y el desarrollo de la enfermedad. El recuento más completo que poseemos es el realizado por el doctor Ased y Latorre el 3 de diciembre de 1784.

Empero sabemos que la enfermedad empezó a cebarse en la población barbastrense desde finales de 1783, Masdevall afirma en un memorial de 11 de febrero de 1785 que la epidemia se extendió de los últimos de 1783 hasta ahora . Si recurrimos a los libros parroquiales la mortalidad del año 1783 aparecen normal. En esta fuente el pulso de la enfermedad comienza a tomarse en agosto de 1784 (26 defunciones) continuando durante los mese siguientes; ello no implica que los primeros afectados no enfermasen en la fecha dada por Masdevall.

Así en octubre de 1784 Antonio Budios presbítero párroco del hospital de San Julián afirma ante el regimiento que en las instalaciones del único hospital de la ciudad han muerto 52 personas hasta el 20 de dicho mes, hallándose internados 20 enfermos. Dos meses más tarde, el 31 de diciembre, don Lorenzo Araguás Prior de la cofradía de San Julián y Santa Lucía encargada de la gestión del hospital, contabiliza 50 muertos más o menos en dichas instalaciones. El 30 de ese mes el regimiento recibe de manos de los párrocos don José del Carmen y don antonio del Castillo, encargados del registro parroquial de la Seo y única parroquia de la ciudad un informe en el que se contabilizan hasta esa fecha 279 personas muertas por la epidemia, entre ellos 50-60 párvulos. Asimismo ambos sacerdotes advierten que se han realizado enterramientos de oculto especialmente de párvulos lo que engrosaría algo más las cifras.

Tenemos pues noticias de la enfermedad desde finales de 1783, pro, pese a las valoraciones que se nos dan a finales dl 84 los informes no nos especifican el desarrollo de la misma hasta los carteos de 1785. Por ello para intentar valorar el desarrollo de la epidemia hasta esa fecha tendremos que recurrir a los libros parroquiales.

En estos no podremos distinguir quienes mueren efectivamente por la epidemia y quienes por otras causas pero si observamos nítidamente la crecida sobremortalidad de los meses de mayor incidencia de la enfermedad.

El proceso se dejaba notar por primera vez en los registros en agosto de 1784, mes en el que se producían 26 defunciones. Continua la misma mortalidad en septiembre (26 defunciones

Alcanzando su cenit en octubre(49 defunciones) y manteniéndose elevada en noviembre(38 defunciones). Hasta junio de 1785 la mortalidad mensual aparecida en los registros es la correspondiente a un año normal. Será en julio cuando la mortalidad vuelva a aparecer crecida. Para este año poseemos ya el testimonio de los carteos médicos. Hemos procedido a comparar los datos aparecidos en estos y en los registros; el resultado es el siguiente:

MESES

DEF. CARTEOS

DEF. QUINQUI LIBRI

JULIO

13

22

AGOSTO

24

28

SEPTIEMBRE

17

29

OCTUBRE

38

39

NOVIEMBRE

34

35

DICIEMBRE

13

15

TOTAL

139

168

Así de las 168 defunciones registradas en los libri de julio a diciembre de 1785, 139 corresponderán a víctimas de la enfermedad, lo que supone un 82%. Es probable que en el periodo de enfermedad de agosto de 1784 a diciembre de ese año en el que según los libri mueren, curiosamente, otras 168 personas al menos unas tres cuartas partes lo sean víctimas de la enfermedad, unas 125 personas.

Respecto a su distribución estacional la epidemia de 1783-86 sigue los esquemas de la típica enfermedad palúdica: la enfermedad aparece p se recrudece a comienzos de verano para retroceder hasta casi desaparecer en los meses invernales; los fríos acaban con el mosquito portador de la enfermedad y hacen retroceder las fiebres causando una mejoría en los enfermos, mejoría que rara vez supone la curación definitiva. Poseemos numerosos testimonios de recaídas primaverales de enfermos aparentemente curados durante el invierno; son las llamadas fiebres intermitentes que jalonan los informes médicos conservados. Así los quinque libri dan fiel testimonio de esta distribución estacional de la enfermedad con máximas en noviembre y octubre del 84 y 85 respectivamente, máxima que en último caso confirman los carteos médicos.

Propagación por el Corregimiento

La enfermedad se extiende también en el espacio. Es conocida la extensión durante la década que nos ocupa de las tercianas a lugares de la península que nunca se habían visto afectados por esta enfermedad. Las causas aducidas por los especialistas han sido, por una prte, una climatología especialmente adversa que permitió la extensión

Mosquito anofeles fuera de las regiones de las que era autóctono y por otra parte una coyuntura económica negativa que trajo consigo la pauperización de amplias zonas del país convirtiendo su población en campo abonado para las epidemias. Ya sabemos cómo ambas circunstancias se dan la mano en nuestra ciudad. Ahora detallaremos su extensión por el corregimiento. Para ello contamos con los testimonios de los corredores que recorren las cuatro veredas en las que este se divide.

.- El primero de ellos, Vicente Turmo, es conductor de órdenes y veredas de las montañas altas y bajas del corregimiento. Este declara que apenas se halla presencia de la enfermedad en las sierras que bordean el Somontano barbastrense y componen su jurisdicción. Pone de manifiesto, eso sí, la preocupación de los montañeses por la enfermedad y el temor de los pastores al contagio, temor que hace que la cañada que tradicionalmente cruza Barbastro se desvíe por Castillazuelo y Salas.

.- La vereda del somontano es recorrida por Joaquín Buisán quien testimonia la poca incidencia de la enfermedad en los pueblos de la zona , si bien la enfermedad existe y así ha visto y oído que en algunos de ellos se hallaban comprendidos de tercianas.

.- La vereda del Cinca y Alcanadre se halla, según su conductor Antonio Pano, muy afectada por la enfermedad hallándose muchos enfermos durante el verano de 1784, la situación es especialmente lamentable en Torres de Alcanadre y Peralta de Alcofea, más grave en éste último lugar por la total falta de atención médica.

.- En la vereda de la Litera recorrida por Pedro Alfaro, la situación es de extrema gravedad. Alfaro testimonia la presencia de muchos enfermos especialmente en la villa de Tamarite, Albelda y Fonz, muchos de los cuales han muerto durante el verano. La situación llega a ser tan grave en la villa de Albelda que se produce la desaparición del concejo cuyos miembros son segados por la enfermedad.

Así se distingue a partir de los testimonios dos grandes grupos en el corregimiento según la extensión de la enfermedad. El primero donde la enfermedad apenas tiene incidencia es el de las tierras montañosas de la sierra y los secos territorios somontanos, zonas poco proclives a la humedad y la corrupción de las aguas que el anofeles precisa para su desarrollo. El segundo grupo, incluida la ciudad de Barbastro, engloba la Litera y el medio y bajo Cinca. Estas tierras poseen un denominador común: la presencia del río Cinca que la convierte en zonas húmedas lo que combinado a su baja topografía hace de ellas un lugar ideal para la propagación del anofeles.

Un caso especialmente grave es el de Peralta de Alcofea donde la falta de asistencia que más tarde veremos se produce también en Barbastro toma tintes especialmente trágicos. El 5 de octubre de 1784 el ayuntamiento de Peralta pide al corregidor de Barbastro envie con urgencia un médico y un cirujano a esa ciudad. El 14 de diciembre el ayuntamiento barbastrense manifiesta ser impracticable enviar dichos profesores… pues no eran bastantes los médicos por lo que se traspasa la petición a la real audiencia que el 16 de ese mes responde ser imposible y piden a los médicos de Berbegal. La Perdiguera, Pertusa y Laluenga pasen a visitar alternativamente a lo que estos dicen no poder por el crecido número de enfermos de sus pueblos y haber contraído ellos la enfermedad. Se intenta que el Monasterio de Casbas, señor natural de Peralta se haga cargo a lo que se desentiende. La situación irá empeorando en el lugar hasta que el 10 de septiembre del año siguiente envía al Dr. Ased quien informa que ha encontrado Barbéales y Peralta en un estado lamentable.

Impacto y grupos afectados: mortalidad, letalidad y morbilidad

Hemos intentado calcular el número de muertos como consecuencia de la epidemia a partir de tres fuentes distintas: los libros parroquiales, los distintos testimonios contenidos en el auto sobre la enfermedad del archivo municipal y de las cartas intercambiadas entre el corregidor Faxa y el Superintendente del Reino, Felix Oneille en la que se da la noticia de la labor de los médicos.

En el primer caso durante los años 1784-85 aparecen registrada una mortalidad bastante superior a la media: así en el primer año se registran 236 funciones y en el segundo 233. La media de la década, abultada por el efecto de estos años de crisis demográfica es de 138 defunciones anuales siendo la media de defunciones de toda la segunda mitad del siglo 142. El incremento sobre la media de la propia década será de 95 y 93 individuos respectivamente. Los curas párrocos testimonian ante el corregidor el 30 de diciembre de 1784. Que han sido enterrados hasta esa fecha 269 personas víctimas de la enfermedad de los que 50 o 60, casi la mitad eran párvulos. Además afirman saber se han hecho algunos enterramientos de oculto especialmente de párvulos8.

Ese mismo día el prior del hospital de San Julián testimonia haber fallecido 52 personas en dicho centro desde el comienzo de la epidemia, hallándose en ese momento 20 enfermos.

De estos testimonios podemos colegir que a finales de 1784 habían fallecido en la ciudad unas 300 personas víctimas directa o indirectamente de la enfermedad. Si bien las defunciones por esta causa tendrían su punto culminante entre los meses de agosto y diciembre de 1784 las primeras se habrían producido probablemente en el verano-otoño de 1783 continuándose en el invierno de ese año a causa de las fiebres catarrales a las que Sobrevia aludirá en su informe. Si bien es cierto que el paludismo se cobrará el grueso de sus víctimas en verano y otoño no faltaran algunas defunciones en invierno a causa de las complicaciones respiratorias que se darán sobre todo en los más mayores9.

También sabemos por los testimonios médicos que algunos niños sufrieron viruelas y que otros fueron víctimas de fuertes descomposiciones y deshidrataciones, descomposiciones que eran normales entre los párvulos a finales de verano por el mal estado de las aguas pero que acarrearía ahora la muerte al cebarse sobre cuerpos debilitados por terciana10.

La tercera fuente que poseemos es el carteo con la real audiencia entre julio 1785 y enero de 1786, en este sentido se da relación detallada del número de enfermos y muertos habidos durante esos seis meses. Esto nos permite calcular que porcentaje de enfermos mueren, es decir, la letalidad de la epidemia. Por meses quedaría de la forma siguiente:

MESES

MEDIA DE ENFERMOS

MUERTOS

%

Julio

226

11

4,8%

Agosto

536

24

4,4%

Septiembre

291

19

8,6%

Octubre

255

38

14,9%

Noviembre

124

34

27,4%

Diciembre

79

13

16,4%

Observamos pues una fuerte crecida en los meses de octubre, noviembre y diciembre con un máximo en el de noviembre de un 27% de letalidad, cifra que triplica la supuesta por Moreda11 un 8,2%. La explicación para tal diferencia es sin embargo sencilla: nos hallamos en el momento álgido de la enfermedad, mediados de otoño. Y sin duda con una fuerte mortalidad de párvulos por las causas antes aducidas. Así sacamos la media de letalidad para el período del poseemos datos será de un 9,1% ligeramente mayor a la aducida pro Moreda y casi podremos suponer idéntica si tenemos en cuenta que nuestro medio año coincide estacionalmente con los meses más mortíferos de la enfermedad.

Respecto a la mortalidad en las cartas nos aparecen otros 139 muertos. La lista de don antonio Ased presentada en ayuntamiento de 3 de diciembre de 1783 contabiliza 1.500 enfermos a los que aplicando el índice actualizado por Moreda sobre letalidad y que parece coincidir con el nuestra epidemia nos da alrededor de unos 120 fallecimientos.

Calculamos que a groso modo debieron perecer en la epidemia alrededor de unas 600 personas, dato que en ningún caso debe tenerse por bueno sino solamente como una tentativa de aproximación. Resulta sorprendente no obstante la noticia que nos aparece en el De Gestis escrita en diciembre del año 86 y que asegura pasaron de mil i cuatroci9entas personas de todas clases i sexos las que fenecieron en la epidemia. Este dato extremadamente crecido, contradice tanto la lógica de los testimonios como lo registrado en los libros parroquiales que ni siquieran suman 1.400 entre toda la mortalidad epidémica y no epidémica habida durante los años 1783 a 1786, 762 muertes.

Para calcular el número de enfermos en la ciudad poseemos varias listas presentadas el 26 de octubre de 1784. La lista del doctor Sobrevia es inutilizable pues registra en su mayoría las casas visitadas sin especificar cuantos de sus moradores estaban enfermos. Registra 38 casas visitadas, 35 individuos, las capuchinas, los trinitarios, franciscanos, claras, y escolapios. Los cirujanos Francisco Laplana y Sebastián Truella han visitado 181 personas repartidas entre 88 casas. Pedro Antonio cirujano vista 84 personas repartidas en 47 casas. Juan Laplana, cirujano visita 71 personas en 38 casas. Miguel Marín, cirujano, visita 31 casas y tiene 52 enfermos de los que 123 son vecinos de la misma. Esto nos da la cifra de 388 enfermos que no se hallarían avecinados en la ciudad formando parte probablemente de una numerosa población flotante de jornaleros, criados, etc. Y que según lo aportado constituirían el 74% de los enfermos en esta fecha. Esto no debe sorprendernos excesivamente si pensamos que esa población sería la de más bajo nivel económico y po9r lo tanto más propensa a enfermar.

Un año más tarde Aded nos ofrece la citada lista de 1.161 enfermos registrados a los que el añade los que supone en los conventos y hospital hasta un número de 1.500. En esta lista se registra cuidadosamente la edad de los enfermos lo que nos permite suponer con mucha seguridad que edades resultaron más afectadas.

GRUPOS DE EDAD

PACIENTE

1-5

79

5-10

98

11-15

118

16-20

97

26-30

74

31-35

70

36-40

138

51-45

58

46-50

96

51-55

24

56-60

98

61-65

17

66-70

23

+ 70

5

Los grupos más afectados son los adolescentes entre 11 y 15 años y los enfermos entre 35-40 años. Se observa también una morbilidad elevada entre los jóvenes de hasta 20 años, entre los párvulos y entre las personas entre 55-60 años. Moreda con los datos de Cáceres del año 193112 calcula como grupos más afectados los niños entre 1 y 9 años y los adultos entre 20 y 39. Coincidimos con el segundo caso con Moreda pero en el primero la morbilidad es más acusada en los adolescentes entre 11-15 años. Tal vez no sea arriesgado aventurar que ello se deba a que en los años que nos ocupan habría una fuerte mortalidad infantil “normal” en los primeros años de vida, mortalidad que dejaría menos niños de esos años susceptibles de enfermar en relación con el número de adolescentes13.

ASISTENCIA

La ciudad conducía tres médicos para la asistencia de los vecinos , que se repartían por calles asignando determinadas calles a cada uno de los médicos. Estos médicos se

Consideraban empleados municipales recibiendo por su labor 300 sueldos, des de ellos, y 230 el otro. Además eran auxiliados por varios cirujanos sangradores cuya función era supervisada por el común, si bien no eran funcionarios de la ciudad.

Ya antes de la epidemia se había producido protestas de algunos vecinos en contra de la conducción de médicos y a favor de la conducción abierta, pero estas habían sido minoritarias. Se presentaban también anualmente algunos memoriales de exención o de rebaja de las cargas de la conducción, estos memoriales aducían pobreza, reciente viudedad, gastos imprevistos o excesivos por el nacimiento de un hijo, una boda, etc. , y generalmente eran aceptados. De todas formas tales peticiones no eran numerosas y solían estar bien justificadas. Así en 1782 se presentan dos memoriales, en 1783 se presentan 6, en 1784 se presentan 7 y en 1785 solamente 1.

Cada año solía subirse algo las cantidades repartidas para sufragar los gastos cada vez mayores de la conducción. Así por ejemplo en el reparto de 1782-83 se ha subido 547s 5 d. respecto al reparto anterior, subidas que afectaron a 275 vecinos y que en su mayoría fueron aumentadas en 1 o 2 s (144 y 82 veces respectivamente). Estas subidas se realizaban de un modo homogéneo.

Los tres médicos, José Gracia, Sobrevia y Luis Romeo se mostraron incapaces de atender las crecidas necesidades de los vecinos durante la epidemia.

D. Luis Romeo de 64 años de edad no estaba en condiciones de visitar muchos casos por su adelantada edad y … achaques habituales por los que muchas veces se le ha visto hacer cama y le imposibilitaban a cumplir con su obligación. Además era notoria su enemistad con los otros médicos promoviendo continuas discordias y desabenciones14.

D. José Gracia de 60 años se halla, según testimonio de Joaquín Broto accidentado y achacoso y a no ser de la dieta con que se gobierna se hubiera perecido muchas veces y que en los malos temporales fríos y nieves y aguas no pueden cumplimentar con la asistencia. De hecho durante la epidemia enfermó siete meses de tercianas dejando a sus enfermos sin asistencia alguna.

Don José Sobrevia de 60 años quien, según Joaquín Broto podía visitar con diligencia a los enfermos no ha hecho antes bien se ha dado en exigencias y disputas no sólo con sus compañeros médicos sino también con los vecinos… negándose a visitar a muchos dando por causal que era el tercero y que sólo tenía de salario doscientos y veinte escudos … ha sido insufrible por sus disputas y por dispensarJuanjo y medicinar a los enfermos lo que se le antoja…sin aplicar medicinas que convienen y…despreciando a todo profesor médico, creyéndose un Hipócrates.

Son numerosas las quejas de los vecinos contra los médicos. Estas se recogen tanto en el auto contra sobre la enfermedad como en el auto o proceso de jubilación de José Gracia. A D. Luis Romeo se le achaca sobre todo su mala salud y su tendencia a disputar con médicos y vecinos; en declaraciones de Rita, mujer de Josep Blanc, Romeo contesta a la testigo al pedirle esta vaya a visitar a su marido: señora, vaya V.M. con cuarenta mil demonios que no pienso ir. Josefa Torrecilla, mujer de Esrteban Catral afirma que Romeo se negó a visitar a una vecina suya por desavenencias con ella. Juan Geles, maestro tejedor que testimonia que Romeo armó a su mujer en el puente del portillo alboroto con gritos y confusiones de que no podía y estaba cansado de visitar al pedirle ésta atendiese al testigo.

D. José Gracia sale en general bien parado en los testimonios achacánsosele su debilidad que le hizo caer en cama y viaticado pero apreciando su disposición a administrar quina o los remedios de Masdevall afirmando Julián Ferraz, maestro curtidor, lo visto con mucho agrado y de muy buena gana. Juan Gelás es el único que lo acusa de dejar de visitarle y de darle quina por lo que casi muere pero ignoramos si esta negligencia se debió a la enfermedad de Gracia. Además el buen humor no era la nota predominante del doctor pues según testimonio de Francisco Alquézar no dudó, al ser amenazado de dar parte de su lentitud al corregidor, decir que: se cagaba en los regidores y en el corregidor y si quería (una mujer interpelada) un peso duro para dar cuenta se lo daba.15.

Al que todos los vecinos coinciden en acusar de negligencia es a don José Sobrevia: son unánimes las declaraciones que acusan a Sobrevia de haberse negado a medicar, no realizar las visitas o hacerlo esporádicamente y con mucho atraso y negarse a administrar los métodos de Masdevall o incluso la quina a la que según testimonio del boticario Joaquin Broto era muy reacio. Juan Geñás manifiesta como enfermó su niña de viruekla y mediante diferentes instancias lo visitó el dicho Sobrevia, dos o tras veces, y después cuando pasaba por la calle sólo preguntando como estaban los enfermos sin entrar a visitarles y medicarles y en el día trece o catorce de las viruelas murió la dicha niña sin asistencia del dicho médico.

También el prior del hospital, don Lorenzo de Araguas , protesta encarecidamente por la actitud de Sobrevia. Cuando Roca llegó de Lérida se encargó a Sobrevia que mostrase los enfermos del hospital. Estte pidió a Roca que le espease en el cuarto del vicario y luego manifestó al médico de Lérida que no había enfermos sino sólo convalecientes llevándoselo de allí. Al día siguiente Roca al ser llamado protestó y se apenó de haber sido engañado. Durante su turno de visita al hospital Sobrevia no acudió ni un solo día pese a las insistentes llamadas del hospitalero para diseccionar un cádaver con Roca, Sobrevia no hizo acto de presencia. La asuencia de Sobrevia del hospital, costó, según el prior, la vida a catorce enfermos que murieron casi sin asistencia.

También se le amonestó dese el corregimiento por nio acompañar en sus vistas a los médicos de Zaragoza y prohibir al boticario Francisco Fuentes afectó al dicho Sobrevia expender medicinas a Roca para el hospital.

Respecto a la actitud de Sobrevia en el hospital Antonio Pueyo testimonia: Dicho médico Sobrevia no hacia otro que llegar a la puerta de la Cuadra y decir a los enfermos si ay alguno que se queje que alce el dedo y que se iba sin tomarles el pulso.

El propio corregidor tuvo que amonestar a Sobrevia para que realizase el informe ordenado a los médicos conducidos de la ciudad el 21 de octubre de 1784, informe que este no presentó hasta el 6 del me siguiente a pesar de haber sido enviado el corregidor diariamente a su casa el portero de la ciudad en busca del informe.

Pésima fue pues la asistencia prestada por los médicos de la ciudad durante la epidemia y todos los testigos se hacen eco del Universal clamor de protesta sobre su actuación durante la crisis. Uno de ellos, Francisco Alquézar, dice: dos de ellos eran inútiles

(Gracia y Romeo) y el otro tuerto y cegato del ojo bueno (Sobrevia). Josefa Torrecilla afirma que los médicos se negaron a visitar en habitaciones altas donde habían de subirse escaleras.

Más diligentes fueron los médicos traídos de fuera por el municipio. El prior del hospital alaba la diligencia de Roca a la hora de visitar a los enfermos del centro y no se escucha queja alguna de su actuación ni de los vecinos ni de las autoridades.

Ased y Thomeo, los médicos zaragozanos son alabados por su valor por el ayuntamiento y presentan puntualmente los informes y listas que el municipio les requiere. Ased concretamente es conducido por varios lugares del corregimiento. Ambos médicos aceptaron gustosos utilizar el método propuesto por Masdevall en sus visitas. En lo que respeta a Planella, médico de Azlor, y a Español, contratado a mediados del 85 por el municipio, se limitaron a cumplir con sus visitas y aplicar el método Masdevall.

D. José Masdevall por su parte se convierte desde su llegada en un autentico cruzado contra la epidemia. Inspira la mayor parte de las decisiones municipales sobre salubridad, vigilancia de médicos y boticarios, etc., propuestas que los regidores aceptan gustosos no sólo por la experiencia del doctor catalán sino por ser enviado este por la Real Superintendencia. El método Masdevall se adopta oficialmente como medio contra la epidemia insistiéndose en su utilización. Masdevall dicta además que deben tener las boticas, inspira y forma parte dela junta de caridad y prescribe dietas. Su método curativo da buenos resultados al igual que sus ideas sobre salubridad y alimentación. Así lo testimonian los vecinos en el auto de jubilación de José Gracia. Sólo uno de ellos Julián Ferraz, curtidor, afirma haber recaído tras tomar sus preparados si bien el propio enfermo lo atribuye a haber estado en el agua y mojándose trabajando en su oficio16.

Barbastro tenía en 1784 cuatro boticarios17. Desde que el Ayuntamiento se hizo cargo de los gastos de las medicinas consumidas por los pobres se obligaba a estos a presentar en las boticas las correspondientes recetas, a cambio de las cuales recibían gratuitamente la medicina. Algunos boticarios intentaron aprovecharse de la situación recibiendo de los pobres recetas de quina y de opiata y sirviendo solamente ésta última mientras que al municipio le pasaban factura por ambas, según testimonio Masdevall ante el corregimiento el 29 de marzo del 85. Este último también denuncia como excesivo el precio que piden los boticarios al común por los remedios que expiden18.En algunos casos se denuncia medicinas adulteradas, como es el caso de la botica de Tamarite, visitada por Joaquín Broto el 17 de noviembre de 1785, Masdevall realizará todo un inventario de los medicamentos que una botica debía poseer, inventario que el ayuntamiento convierte en obligado para todo el corregimiento.

Los cirujanos sangradores, en circunstancias normales sólo eran ayudantes y ejecutores de órdenes médicas se ven en los primeros momentos de la epidemia impedidos a realizar visitas, recetar, administrar quina, etc., en un intento de suplir la carencia o negligencia de los médicos. No faltaron enfrentamientos entre estos y los doctores de la ciudad; así Pedro Antonio, según testimonio de Antonio Pueyo, se enfrentó a D. Luis Romeo negándose a realizar sangrías a un enfermo que se hallaba muy débil. Asimismo este Pedro Antonio realizó un cuaderno de quejar en el que apuntó las negligencias que observó a los médicos a lo largo de la epidemia. El destino quiso que el cirujano hubiese muerto al abrirse el proceso de 1786 y que su cuaderno no se encontrase a pesar de buscarse afanosamente.

LAS INSTITUCIONES

Entre las instituciones destaca la labor ejercida por el municipio en un intento de mantener bajo control el desarrollo de la epidemia; esta labor municipal se ejercerá sobretodo en dos direcciones: el asegurar una correcta asistencia de los vecinos e intentar mejorar la salubridad pública-. Las decisiones tomadas por el ayuntamiento de Barbastro se harán extensivas por su corregidor Don Miguel Fernández de Faxa a todo el corregimiento.

El 25 de octubre de 1784 en una sesión extraordinaria el ayuntamiento decide pedir a la ciudad de Lérida el envío de un médico titular que ayude a los médicos conducidos de Barbastro. Esta decisión se toma en un momento en que la ciudad se halla prácticamente sin asistencia estando enfermos dos de sus tres médicos conducidos. D. Victorián Gaillart, corregidor de Lérida, responde afirmativamente a la petición y envía al primer médico forastero D. Tomás Roca. Nuevas peticiones de médicos realizará el ayuntamiento el 13 de diciembre de 1784, en este caso dirigidas a la superintendencia y protomedicatos de Aragón: consecuencia de estas gestiones será la llegada a la ciudad de dos médicos del colegio de Zaragoza, D. Antonio Ased y D. Pedro Thomeo y de un especialista de la real cámara de S.M. D. José Masdevall.

Los gastos que acarrearía al ayuntamiento el trae estos médicos a la ciudad serán elevados; a Roca por diez días de trabajo en la ciudad (del 4 al 14 de diciembre) se le entregan 25 doblones sencillos (552 s.), a D. Pedro Thomeo y a Ased 40 doblones a cada uno y cinco doblones para cada uno de sus practicantes. A Ased se le pagaron además por la confección de una lista de enfermos de la ciudad el 3 de diciembre del 85, 422s.Los gastos más elevados se hicieron en la persona de Masdevall al que se le dieron 100 doblones sencillos así como 5 a su practicante, gastándose además el municipio 227 s 10 d en un refrigerio con el que se recibió al doctor. A los salarios librados habrá que añadir los gastos de manutención de ambos médicos zaragozanos y de la Real Cámara, gastándose en los primeros 1.320 s. 5 d. y en el segundo 703 s. 5d.19

Por seguir este método Masdevall, cosa que se realiza el 20 de ese ,es. Se contrataría también otro doctor de la ciudad, Españól, el 22 de octubre.

El ayuntamiento se preocupó además de recibir puntualmente informes sobre el estado d ela enfermedad, el número de enfermos y muertos, y los métodos curativos aplicados por los médicos y su efectividad, así pidieron a lo largo de los años 1784 y 1785 puntuales declaraciones juradas tanto a médicos como cirujanos, boticarios, párroco, prior y vicario del hospital así como a otros funcionarios del común20.

Desde un principio el ayuntamiento mostró una preocupación por la salubridad pública. El 6 de enero de 1785 el ayuntamiento dictó las primeras medidas relativas a la limpieza de las calles y la acumulación de basuras y fiemos en arrabales, puentes y puertas de la ciudad ordenando que los femeros fueran colocados al menos a trescientos pasos de la población. Esta medida no es en sí misma extraordinaria; es una labor común del municipio mantener limpias y en buen estado las calles de la ciudad y así durante todo el siglo se realizan bandos similares prácticamente cada año. Lo que si es una novedad es lo especifico del bando y lo taxativo del mismo; sin duda los municipales eran conscientes de las suciedades ayudaban a la propagación de la epidemia; pensemos que nuestras ciudades dieciochescas no debían brillar por su limpieza, siendo común en todas ellas la acumulación de basuras diversas y la presencia de animales sueltos por las calles21.

El Doctor Masdevall insistirá sobre este tema al concejo repetidas veces inspirando nuevas ordenanzas en el mismo sentido a lo largo de 1785, incluida una vereda que afectaría a todo el corregimiento. Así Masdevall es el responsable de una cloaca que para el desagüe del Río Ancho se emprendió por orden de 6 de enero de ese año22

Ejerció también el municipio una continua vigilancia sobre médicos y boticarios poniendo mucho celo en los primeros siguiesen el método prescrito por Masdevall y que los segundos tuviesen bien provistas sus boticas de las medicinas necesarias. En este sentido el ayuntamiento procuró por todos los medios conseguir la quina necesaria para las boticas de la ciudad. Así en noviembre del 84 se informa de haber traído quina desde Barcelona. El 10 de agosto de 1785 se notifica la oferta de Manuel Azlor, comerciante de Pamplona, dos o tres arrobas de quina a 8.5 reales de vellón lo que se tiene en cuenta. El 6 der septiembre se pide a José Mustalach, boticario, envíe una arroba de quina y el 7 se obtiene

de un mandadero suyo 36 litros de quina superior a 8 pts. Libra. Aún a finales del año 1785 el superintendente del Reino envía una arroba de quina a la ciudad a 8 pts. La libra por petición del municipio.

Esta quina sería pagada en su mayoría a expensas del caudal de propios de la ciudad, para lo que el ayuntamiento pide permiso a S.M. obteniéndolo el 7 de enero de 1785; el monarca confía que la ciudad distinguirá los pobres verdaderos de los que no lo sean a la hora de repartir gratuitamente la medicina.

Surtió la ciudad además a sus expensas a los pobres del resto de las medicinas necesarias23.

Se llega a un acuerdo entre el ayuntamiento, el obispado y algunos prohombres de la ciudad para formar una junta de caridad y con ello conseguir la precisa asistencia a los enfermos pobres cuya miseria i falta de alimento conduce al sepulcro. Esta junta se reunió por primera vez el 20 de enero de 178524 abriendo una cuenta para la limosna de los pobres de 100 pesos a 8 reales de plata entregador por el Obispo y 6 doblones de a 8 en oro entregador por el corregidor, el deán, Masdevall, dos de los regidores y un ciudadano de la ciudad, Juan Palacín a un doblón cada uno. A su vez el cabildo y cofradías contribuyeron con cantidades menores. La junta pretendía emplear estos fondos en el respeto de una dieta par obres inspirada en las indicaciones alimenticias de Masdevall consistente en 9 onzas de carne, seis de pan, garbanzos y tocino, siendo el precio de cada ración 23 dineros. No obstante la gran cantidad de pobres dejaría pequeños los caudales entregados por la junta y el Ayuntamiento tendría que intervenir el 13 de diciembre de 1785 subvencionando con caudales de propios las deudas de la junta25.

Otra institución que trabajó en pro de los enfermos menos favorecidos fue el hospital de San Julián y de anta Lucía cuyo prior D. Lorenzo Aragüas, colegial, cerero y confitero. El Ayuntamiento procuró de la mano de la cofradía de San Julián asegurar la asistencia a través de los médicos de la ciudad pero éstos, desisdiososos ya a la hora de atender a los vecinos se mostraron poco diligentes en su asistencia a pobres transeúntes que abarrotaban las cuadras o amplías salas del hospital. El prior dirigió numerosas quejas al corregidor en este sentido.

Por parte del gobierno central también hubo un especial interés por los acontecimientos de Barbastro, interés que se manifiesta en el nutrido carteo entre el corregidor Faxa y el Superintendente del Reino Oneille.

El conde de Floridablanca, que tenía en alta estima a Masdevall sólo escribe directamente a la ciudad en una ocasión para permitir que el dinero, 15.000 reales, destinados a la biblioteca del obispado fuese empleado en las obras de misericordia.

Finalmente la hacienda real, y ante la ruina del municipio que se veía incapacitado de cubrir los gastos producidos por la epidemia con caudales de propios decide hacerse cargo de las cuentas derivadas del reparto de medicinas (27-XI-1785) y en atención a la gran pobreza de los moradores decide perdonar a labradores y artesanos pobres…. 11.205 rls. v. lo más que importa la contribución para que para este año se les había repartido (27-XII-85).

MEDICINA TRADICIONAL Y MEDICINA ILUSTRADA

En la epidemia de tercianas de Barbastro asistimos a un enfrentamiento entre dos concepciones de la medicina y del cuidado del enfermo; una primera, representada por los médicos de la ciudad que pretende curar la enfermedad de un modo mecánico aplicando los métodos que esos doctores hubieran empleado para curar casi cualquier patología. La segunda representada por la medicina ilustrada de Masdevall que intenta aplicar un método preciso basado en la experimentación y acompañado de toda una serie de medidas higiénicas y preventivas tan importantes como la propia medicación. Veamos cómo se manifiesta la enfermedad y cuales on los métodos que se aplican para atajarla.

1.-Descripciones de la enfermedad

Comenzaremos por dar la descripción que realiza D. Luis Romeo el 23 de octubre de 1785, según él se trata de una epidemia de fiebres malignas y tercianas …. Petequiales…. Que son producidas de los probados malos alimentos… por la infección de los insectos producidos por la mucha niebla. Según Rome será el aire y la mala comida la causa de la extensión de la enfermedad como lo expresa el príncipe de la medicina Hipócrates… cuando y el aire no guardan aquella simetría y tono natural en lo sustantivo como en lo cualitativo. Los síntomas los describe como impropios de tercianas, como letargos, apoplejías y otro cúmulo de síntomas. . Por su parte Sobrevia nos dirá: Entre las enfermedades que han transcurrido en este pueblo en las estaciones de invierno y primavera han sido las peores catarrales, petaquizantes… en el invierno subsistieron las catarrales… en l primavera y comienzos de verano se presentaron con la divisa de ardientes, acompañadas

De graves accidentes, delirios, sopores y en las más espantosas convulsiones. Entre las causas Sobrevia coincide con Romeo en culpar al aire porque además de haberlo dejado escrito Hipócrates en el libro “de Flatibus” … lo acredita haber sido epidemia en la mayor parte del reino…. Siendo el aire principalísimo medio con que vive el hombre y ser necesario inspirarle y este estar impregnado de partículas extrañas … por las continuadas lluvias, porfiadas nieblas y otras exhalaciones sublunares con estas alteraciones se proporciona poner en desorden los humores … cuya buena unión y armonía mantiene la salud.

Roca dice: se manifiesta con el aspecto de tercianas y cuartanas intermitentes en su esencia es la fiebres pútridas, que supone una notable degeneración de los humores y principalmente de la sangre e su parte más sutil y espirituosa… esa degeneración causada por la universal antinomia , aunque puedan conocerla los sentidos, la manifiestan…. La disolución de la sangre que destilándose por ella los diversos humores que la contienen se hacen diferentes estagnaciones en diversas cavidades del cuerpo, y por efecto de la destrucción de sus principales funciones.

Como se observa los tres doctores citados se preocupan en sus descripciones de dos cosas:

La primera de ellas es describirnos pormenorizadamente las causas de la enfermedad atribuyéndolas al aire, la climatología e incluso ´ordenes sublunares. Tanto Romeo como Sobrevia sienten más orgullo que empacho al confesar que ven más por los ojos librescos de su idolatrado Hipócrates que por los propios. Su segunda preocupación es describirnos que manifestaciones trae aparejada la enfermedad; hablan así de fiebres recurrentes, pútridas, delirios, apoplejías, etc. Pero en ningún momento distinguen en qué momento de la enfermedad nos hallamos. Sobrevia habla de fiebres catarrales en el invierno y pútridas durante el verano y la primavera. En el ciclo del paludismo es normal que las fiebres desaparezcan en invierno época en la que el paciente experimenta una supuesta mejora. Es normal también que los meses invernales su cuerpo debilitado por la enfermedad contraiga esas fiebres catarrales, es decir, constipados. Este carácter estacional de la enfermedad, que puede llevar al paciente a la fuerte ras nueve meses o un año de haberse declarado esta, nos da ese aspecto recurrente de las fiebres pútridas26.

Por su parte Masdevall describirá los síntomas de la enfermedad de la siguiente forma: Tan funesta calentura …se manifiesta principalmente por unos ojos ensangrentados, abultado y entumecido el rostro, lengua que después de sucia empieza a secarse y ponerse de color de grana, orinas encendidas i muy perturbadas o bien crudas e como agua de fuente, azorado, decaído y sin fuerzas el paciente. Ruido en las orejas y por fin apareciendo con las señales exiciales y fúnebres que aparecen en diferentes autores. Masdevall nos hace así una relación sucinta y precisa de los síntomas basada tanto en la observación del enfermo como en sus conocimientos académicos, pero subordinados estos últimos a la labor empírica.

Estos datos a la labor empírica.

2.- Métodos curativos

Sobrevia nos dice el método con que combatí estas fiebres fue arreglado a las leyes del grande Hipócrates, por las cuales subordina las miras del aire a los movimientos de la naturaleza… que el médico no es sino ministro de la naturaleza y que esta es quien cura… en los enfermos bien complexionados cuyo pulso se presentaba con cualidades

Exitivas… una general untura de aceite y agua con el uso de limón y otros el agua nitrada se logró una terminación favorable a favor de un sudor copioso y… en el 9 o en el 11 siguiente se advertía una recaída … en aquellos que se enmarañaba el pulso y subsistía el estado de irasción … a pesar de todas las diligencias y especiales socorros… sucedía una suerte infasuta.Sobrevía da noticia del fracaso de todos los métodos empleados para intentar curar a aquellos que sufrían una enfermedad avanzada: el común socorro de la quina (causaba) tan poco efecto que no podía ocultar frecuentes recaídas … las sangrías … no lograron ventaja alguna porque de ordinario se doblaban los accesos de fiebre quedando muchos en un estado de abatimiento y flaquedad que … los conducía a la hidropesía … el uso de los purgantes no surtió efecto alguno, antes se observó igual efecto que las sangrías.

El método aplicado por Masdevall es según su autor apropiado, seguro, fácil de curar y cortar cualquier género de especie y calentura… mucho mejor que cuantos medios de curación se han puesto en práctica desde Hipócrates.

En primer lugar se compondrá : una mixtura antimonial con agua destilada, crémor tartarí o en su lugar sal policresta, confección de jacintos, alhermes incompleta u otra cosa semejante. Se dará al enfermo una cucharada regular de dicha mixtura…. Media guara de agua natural…. Bebiendo luego un vasito de la misma agua natural. Al cabo y medio de una hora y media tomará el enfermo una taza de caldo ligero y sin gordura , echo de una porción de carne que vulgarmente se llama brou de pa. Al cabo de otra hora tomará el enfermo otra cucharadita de dicha mixtura …y así sucesivamente por espacio de cuatro o cinco días.

Advierte que el médico que la primera y segunda cucharada causan algún ligero vomito y algunos ligeros cursos…. De los que se hallará muy aliviado… si el enfermo pasa 24 horas sin irse del cuerpo se le suministrará una ayuda con agua natural tibia, miel , aceite y un par de cucharaditas de vinagre.

Masdevall continua con otros remedios para forzar al enfermo a purificar su estómago o a bajar su fiebre como es la utilización de una mixtura antifebril. Consciente que la debilidad del enfermo impide su recuperación le prescribe una dieta suave compuesta por verduras cocidas o frutas blandas, javonossas y dulces y cosa de carne (si mejora9 medio pocillo de chocolate, almendradda, sémola de arroz, alguna sopa ligera, un poco de vino añejo y algunos frutos encaminándole a comer carne y alimentos más sustanciosos.

Prescribe asimismo una medicación por ayudas para peronas de quienes es difícil conseguir hacer tomar por la boca…. Por ejemplo señoras delicadas y especifica una posología según la edad del enfermo y el transcurso de la enfermedad.

Aconseja varios medios precautivos para evitar el contagio:

.- Chupar papelitos de media dracma de quina.

.- Regar los mantos y ropas de los enfermos con vinagre.

.- Renovar el ambiente aireando las casas.

.- Purificar el aire mediante braseros de leña verde.

Por último emprende una dura crítica a la medicina que le es contemporánea y sus métodos, especialmente vexicatorios y sangrías. De los primeros dice que son métodos para martirizar a los enfermos … detestables y bárbaros métodos de curación que corrompen la sangre y envían a los infelices al otro mundo así que estos médicos en lugar de pastores que conservan el rebaño son lobos carniceros. De las sangrías

Dice que sólo deben emplearse en los sujetos muy robustos y llenos de sangre rica y abundante y aún estos deber ser muy copiosas pues… casi siempre son nocivas. Trata a estos medios de bárbaros diabólicos y africanos. Diciendo que los enfermos tratados así curaron por valentía de la naturaleza… que como diría el chistoso Moliere sólo los que tenían fuerzas sobradas podían hacerse tratar por los médicos en sus enfermedades.

También son acendradas sus críticas contra los boticarios sobre los que hay que ejercer continua vigilancia siendo común en ellos las prácticas fraudulentas que en muchas partes están mezcladas y unidas por amistad y parentesco de forma que los boticarios son otro escollo en el que muchos pierden la vida; esta profesión está en el Reino de Aragón en el más deplorable estado27.

BARBASTRO TRAS LA EPIDEMIA

Tras la epidemia Barbastro comienza una recuperación lenta pero efectia. La población no solamente ha quedado diezmada sino muy debilitada de fuerza y con una situación en los campos poco halagüeña pues la falta de gente que se experimenta para el trabajo del monte y la recolección del fruto de la oliva … pues esta clase de gentes, los que no han muerto andan por las calles en tan mala disposición que se miran no sólo inutilizados para el trabajo sino expuestos a padecer una segunda reincidencia. Además la ciudad, pese a la alegría del fin de la enfermedad vive todavía impresionada por los acontecimientos acaecidos; nos dice el secretario del Ayuntamiento del 19 de diciembre de 1786; los más de los individuos fueron comprendidos en dicha epidemia de los que se libraron muy pocos quedando la más triste memoria de sus efectos que llenaron de luto este pueblo.

Volvió la langosta en 1786 pero el clima se normalizaba y la ciudad acostumbrad a la lucha con el insecto conjuró rápidamente la amenaza.

La demografía por su parte recuperó rápidamente el terreno perdido con un aumento de los matrimonios en ls años siguientes, predominando los de viudos y viudas. Con ellos la natalidad recuperará su ritmo ascendente28.

El municipio renovó la plantilla médica como consecuencia de los desastrosos resultados durante la epidemia. El doctor Gracia obtiene la jubilación que corresponde a su edad, Sobrevia y Romeo son jubilados forzosamente tras el luctuoso proceso de 1786.

La ciudad contrata a tres nuevos médicos José Planella, Ramón Español y José Ceresuela a los que paga 280 L. anuales respectivamente.

Pero la renovación de la plantilla médica no acalla las protestas de los vecinos que en muchos casos se niegan a pagar la conducción por no haber sido atendidos durante la enfermedad.

Algunos se aventuran a enviar un memorial a Carlos III pidiendo la conducción abierta aludiendo: en el día ni hay necesidad de ella ni se estado de la población que es muy numerosa exige conducción abierta. Las razones que aducen son: la consideración a la necesidad del pobre para compararla con la abundancia del rico por poco que se le reparta al primero siempre resulta que paga más que el segundo y que los vecinos no solo se hallan gravados con los costes señalados a los tres médicos sino con lo demás que se agrega a los gastos del repartimiento.

La primera razón salta a la vista, si bien es difícil saber si el más pobre podría pagar un médico no conducido. La segunda es de poco peso si atendemos a las cuentas de las conducciones de los años 1784, 1785, 1786. En estos años se gasta en los sueldos médicos 15.194 s., 17.220 s. y 13. 496 s. respectivamente mientras que los gastos respecto a lo aportado a los médicos.

La petición al rey es expresada prior un regidor, un diputado del común y los jubilados Gracia y Sobrevia quienes curiosamente y tras largos años de trabajar sin desvelos en la conducción cerrada claman tras ser cesados por una conducción abierta.

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Fuentes

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1784: Informaciones sobre que en la villa de Albelda hay epidemia de tercianas.

1784: Resolución para que se cure los enfermos de Peralta de Alcofea.

1785: Lista de enfermos a causa de la epidemia.

1785-86: Informe sobre la epidemia en el partido de Barbastro.

1786: Auto del proceso de jubilación de don Antonio Gracia, médico conducido de Barbastro.

1791: Informe de los médicos titulares sobre sus visitas a enfermos pobres del hospital.

1780-85: actas del ayuntamiento.

1780-86 Libro de la Ciudad (De Gestis).

1 Este artículo se publicó por primera vez en la Revista Somontano nº 2, Barbastro, 1991, pp. 63-83.

2 Doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza.

3 Licenciado en Historia por la Universidad de Zaragoza.

4 Se ha utilizado las noticias contenidas en el “De Gestis· o libro de la ciudad y en los libros de actas del Ayuntamiento correspondientes a los años 1780-1784.

5 El almud equivale a 1,87 litros y 1 fanega 22,42 litros.

6 Pavipollos.

7 Así el arrendador de las tiendas de aceite no puede pagar su deuda el 23 de enero; el 12 de junio aún no la había satisfecho. El arrendador de las carnicerías de la ciudad se declara en ayuntamiento del 6 de marzo incapaz e satisfacer más de la mitad de su deuda. El 8 de enero se amonesta al arrendador del pozo de yelo por no satisfacer lo que debe a la ciudad.

8 Este es un recurso utilizado con cierta frecuencia por los pobres para evitar el pago de la misa de almas siendo más frecuente a la hora de sepultar niños.

9 Así Ramón Gelás mancebo tejedor de 22 años afirma haber curado tras tomas agua de camedros informado por otros mozos que quitaban las tercianas, pero el camedros es una hierba cuyo uso medicinal se halla indicado para enfermedades de tipo respiratorias.

10 Vid MOREDA Op. Cit. Pág. 307.

11 Vid. MOREDA, pág. 306.

12 Vid MOREDA, Op. Cit. , pág. 305.

13 Piénsese en lo que ocurre actualmente en los países menos desarrollados; allí los avances méicos han mitigado la tasa de mortalidad infantil desmesuradamente la base de la pirámide demográfica. Esto sería el caso de la España en desarrollo de 1931 pero no la de la España dieciochesca muy lejos aún de tales avances médicos y sus posibilidades de supervivencia.

14 Auto de jubilación de Gracia, 1786. Testimonios de Joaquín Broto, boticario, Antonio Pueyo, labrador y Francisco Alquézar, calderero.

15 Testimoniado por Francisco AAlquézar, Josefa Martínez, la testigo, lo niega, pero enun careo organizado por el corregidor entre Alquézar y ella lo recuerda manifestándose muy sentida porque había procurado tener grado al dicho Gracia a quien había regalado un pollo, una horca de ajos y cebollas y otras cosas.

16 Resultados y testimonios desmienten las críticas del protomedicato de Aragón sobre la actuación de Masdevall en Barbastro, así como las cifras presentadas en los informes a finales de 1784 echan por tierra la afirmación de que en la ciudad sólo había convalecientes a la llegada del médico catalán; probablemente estas declaraciones serán fruto más de la envidia que del celo profesional (para declaraciones vid. Riera, Op. Cit.).

17 Joaquín Broto, Manuel Rivera, Antonio Torrente y Francisco Fuentes.

18 Según el precio justo sería percibir 11 rls. v. por cada opiata antifebril, 1 rls. v. por la mixtura antimonial, enquendula de pusse las corticicis pucibiani 17 rls., por cada enema antifebril 11 rls. v. y el resto de los remedios que los rebaje una tercera parte.

19 Que suman un total de 6.021s. 9d., cantidad elevada si tenemos en cuenta que el año 1783 se pagó por el monopolio del aguardiente 1680 s. y por los derechos de feria de la candelera 714s por poner un ejemplo. La dieta diaria de Masdevall ascendía a 60 rls.

20 El auto comienza con una orden del corregidor fechada a 21 de diciembre de 1784 ordenando a médicos conducidos y cirujanos realicen sendas listas de enfermos y pidiendo información sobre los métodos curativos empleados. A la llegada de los médicos foráneos la primera racción del concejo seá pedirles una clara exposición de sus métodos.

21 Por ejemplo el caso de Lérida citado por Riera. Op. Cit. Se realizan en Barbastro nuevos bandos municipales el 8-VI-86 y el V-87. Prohibiendo el arrojo de despojos a las calles y tenduría de pieles respectivamente.

22 ”Para quitar las inmundicias, aguas y cenegales iguales a los que en el día se advierten en otras calles del Coso y Río Ancho por providencia política se han abierto zanjas en las zembras de dichas calles específicamente en la del Coso y llenándolas de piedra grifa fuerte y después menuda para cubrirla con tierra y hacer el empedrado con el fin de que corriese y pergolase el gau de otros manantiales entre dichas piedras grifas fuertes y aunque con estas obras por algún tiempo se han conseguido el mencionado efecto pero que bajo tierra y arenas han cerrado los entremos de las dichas piedras, ha quedado inutilizada idea y deseoso el Señor Corregidor de acudir con cuantos medios pueda el logro de la salud pública de ese vecindario instigó de su más activo celo e incesante cuidado, manda se faga … para pasar por estas casas con perito albañiles..

23 El 25 de febrero de 1785 Masdevall entrega a los pobres en nombre de la ciudad medicinas por valor de 1.635 s. práctica que continuaría durante la epidemia. Masdevall testimonia también la pobreza de los boticarios de la ciudad, aconsejando al ayuntamiento que los socorra: se les entrega el dinero para medicinas el 25 de noviembre de 1785.

24 Esta junta estaba formada por: D. Juan Manuel Cornel y Larriba, Obispo de Barbastro; D. Miguel de Faxa, Corregidor; D. José Masdevall; D. Francisco Javier de Falces, deán; D. Antonio Navarro, cabnónigo, D. Mariano de Aynoza, canónigo; D, Mariano Elisalde, doctoral; D. José Melchor Cocón, regidor; D. Joaquín Andreu, regidor; D. antonio Pano, prior de la Cofradía de clérigos; D. Roque Duarte, clérigo; D. Blas Bielsa, noble; D. Pedro Jacinto de Mur, noble, D. Pedro Loscertales, D. Juan Palacín, D. Melchor Arezo.

25 El 25 de enero de 1785 se repartió más pan entre los niños enfermos, medida extraordinaria que no se repitió. Riera, Op. Cit. En Guadalajara se gastó en ayuda pública a los pobres enfermos 43.740 rls. y 20 mrs. Por la asistencia y 24. 165 rls. 3 mrs en concepto de alimentos, incluyendo todo el corregimiento, en el que se contabilizaron 1289 enfermos.

26 22.- MOREDA, Op- Cit. Pág. 302.

27 Masdevalls propone los siguientes productos que debe poseer la botica. Quina, sal de agenso, sal amoníaco, crémor tratari, vino emerico bien filtrado, antimonio. El corregimiento hizo taxativa esta medida el 14 de noviembre de 1785 bajo pena de dos escudos a beneficio de la Junta de la Caridad.

28 Vid. BOSCH. J.R. , Op. Cit.

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